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lunes, julio 03, 2006

No me cunde

No me cunde el viento,
ni la luz del sol,
ni el incierto frío
de las sombras.

No me cundo yo
y me echo en falta
sentado de esta forma
tan formal,
al borde del abismo
y de la nada.

O quizá es que
sé mucho más que ayer.
Mucho más de flores y de días.
Mucho más de ausencias
y distancias y también
intensamente de tu piel
y de las horas
que ya he pasado
sin tu voz en mi garganta.

Y echo en falta la franca novedad
de tus largos muslos en los míos,
la profunda y sinuosa fragancia
de tus besos
y el largo abandono del dolor,
a que me lleva tu olor
y tu saliva.

Y no me cunde
el tiempo que paso
en tu ausencia,
escondido apenas de la vida
por un retazo que me guardo,
en el que tu mano urgía mis palabras
de gratitud y amor
sobre las castas sábanas.

O en aquel otro,
paseando por Venecia
en el que el día perdió
por una eternidad todas las horas
en una esquina, al borde del canal,
tan cerca del agua y de la vida.


Me escondo de la vida,
de esa vida que me construí yo,
que me forjaron otros,
cuando no existías tú
y no existía Dios
ni este poema
que te escribo hoy
sin que me cunda nada.