Cádiz, la catedral al fondo
Qué bonito es Cádiz y cuanto me alegro de haberla redescubierto. Quién sabe. Igual terminamos yéndonos a vivir a Cádiz.
Etiquetas: Cádiz
Qué bonito es Cádiz y cuanto me alegro de haberla redescubierto. Quién sabe. Igual terminamos yéndonos a vivir a Cádiz.
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Pues sí, después de algunos años y gracias a una amiga, a Ana Clavero, retomo este blog. La verdad es que no tengo ni idea de qué voy a hacer, pero de momento, dejaré uno de mis últimos poemas y quizá deje alguna fotografía de la nevada y enlace el recital aquél, culpable en cierto sentido de que haya dejado de escribir casi del todo. Al menos de momento....y eso de momento, aquí el poema:
No me cunde el viento,
ni la luz del sol,
ni el incierto frío
de las sombras.
No me cundo yo
y me echo en falta
sentado de esta forma
tan formal,
al borde del abismo
y de la nada.
O quizá es que
sé mucho más que ayer.
Mucho más de flores y de días.
Mucho más de ausencias
y distancias y también
intensamente de tu piel
y de las horas
que ya he pasado
sin tu voz en mi garganta.
Y echo en falta la franca novedad
de tus largos muslos en los míos,
la profunda y sinuosa fragancia
de tus besos
y el largo abandono del dolor,
a que me lleva tu olor
y tu saliva.
Y no me cunde
el tiempo que paso
en tu ausencia,
escondido apenas de la vida
por un retazo que me guardo,
en el que tu mano urgía mis palabras
de gratitud y amor
sobre las castas sábanas.
O en aquel otro,
paseando por Venecia
en el que el día perdió
por una eternidad todas las horas
en una esquina, al borde del canal,
tan cerca del agua y de la vida.
Me escondo de la vida,
de esa vida que me construí yo,
que me forjaron otros,
cuando no existías tú
y no existía Dios
ni este poema
que te escribo hoy
sin que me cunda nada.
P I C O T E O
Ruiseñor de distancias
hilandero de trinos
sembrador de amapolas y luceros
en la pradera de mis ansias
has vuelto a picotear
las heridas abiertas del recuerdo
el corazón está sangrando
de nostalgias
y, yo, gaviota-sensiblera
cierro los ojos mar adentro
para extender mis alas
y pensarte.
Marietta Cuesta Rodríguez
Se ha muerto un árbol
en la acera solo
No hay pájaros cantando
su tristeza
Solo silencio y coches
y ningún muelle en el que atracar
esta inigualable melancolía
Se va ya la tarde por la calle
rumbo a alguna plaza oscura
Los pájaros renuncian
a despedir el día
y Madrid apenas
sobrevive en el asfalto
a un atardecer más
un nuevo día.
Luis de Pablos