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jueves, octubre 01, 2015

Que me perdone Dios


Que me perdone Dios
-Si es que existe tal ribera-,
Pero parece que hoy toca
Vivir de lado
Es como si estuviera
-a veces-
Viviendo de lo ya vivido
Es como si estuviera
-a veces-
Viviendo de prestado
Como si el corazón de ayer
No fuera el que hoy
Me late y se acomoda

Que me perdone Dios
-si es que existe tal estancia-
Pero cada vez hay menos que lo oculte
Aquí se ve el hueso, el polvo
Y la medida
Lo que fue ayer
No es lo que será mañana
El tiempo no puede regresarnos *
Lo que fue ayer
No es lo que será mañana
Y yo estoy viendo crecer
El sarmiento vivo de la nada


*Con sinceridad y sin seguridad , creo que ese verso pertenece a Hilario Tundidor.

martes, septiembre 29, 2015

Curar el miedo

Este estremecido acto de dejarte
en pos de la distancia.


Prisionera del espacio.
Ajena ya, lejana,
ausente de mis ojos.


El miedo, el inocente miedo
al largo sendero de silencios
que inicio ahora que te marchas.


El pánico al vacío, a la clara y fría

ausencia de tu carne.

Estas cosas que mezclo sin sentido

-La liviandad de un verso.-

-La supuesta bondad de las palomas.-

cuando camino ajeno a todo,
tan cerca ya de encontrarme
con tus ecos y tus sombras,
con el dolido susurro de la casa.


Con la certeza de que el amor duele
cuando no hay ni piel, ni ojos,
ni tan siquiera labios
en los que curar el miedo.


Luis de Pablos

MUSICA


http://www.mundopoesia.com/foros/temas/curar-el-miedo.78697/

Aún no sé cómo haré



Aún no sé cómo haré para vivirte
Aún no sé ni siquiera cómo amarte entera
Aún estoy descubriendo tus fronteras
Y sin embargo, ya te quisiera siempre mía


Estoy descubriendo tu universo
Y no quiero perderme ni una coma

Estreno cada día un vuelo de palomas 
Y cada día cierro todas las cancelas
Las puertas, las ventanas
Cierro los zaguanes

y miro debajo de las camas 

Hago recuento de armaduras
Y afilo las espadas y puñales
Pareciera que fuera a presentar batalla
Y solamente estoy amando el día 


Es tuya la culpa, o es locura mía
Y me es igual, solamente quiero
Aprender de ti la geografía
Morena de tu
cuerpo
Y perderme gallardamente loco 

Entre el vello obscuro de tu vientre 

Encenderé una hoguera al borde de tu mente
Y lo que pase después será ya historia
Cuando la historia pase
Y el tiempo nos haga comulgar con nuestra historia.


Luis de Pablos

Piénsame como una palabra



Piénsame como una palabra que te quiere,
la primera de un diccionario

que por ti hoy inauguro,
el resto tíralo, o déjalo de lado suavemente.

Quizás algún día necesites

cruzar sin peligro algún charco
y entonces recoges mi
cuerpo,
y sin más palabras, no hacen falta más
te lo aseguro,
le pides que te sostenga en sus brazos.

 Lo hará sin dudas, sin vacilaciones,
se hará a tu peso sin pensarlo,
sin pedir más que una sonrisa como pago.

 Volveré después a ser sólo palabra,
porque así lo quieres tú
y así lo admito:

Una palabra que te quiere,
la primera de un diccionario
que hoy, por quererte a ti
yo inauguro.


Luis de Pablos

lunes, septiembre 28, 2015

Se me pierde un poema

MUSICA


Ya regaló ayer el pequeño peral
su diminuta carga:

¡Peritas de San Juan!

Las regaló al gusto de la tierra
y al gozo de los pájaros.

Yo probé apenas dos,
el Duende nada
pero nos basta,
porque ya nos regaló
una promesa hecha flor
y al lujo de los ojos también
nos regaló el verde de su verde
de su diminuta carga...

Se me pierde un poema
en la siesta tardía.

Siento como late despacio
y se retira en silencio,
con un murmullo apenas,
una leve desbandada de palabras:

¡Peritas de San Juan!

En esta tarde en que Agosto agoniza
y ya refresca el aire.


Luis de Pablos

El Duende Martín - Cuento corto





Se trataba de un duende familiar, que desde innumerables generaciones había permanecido con la familia, siguiéndoles siempre donde quiera que fuesen. Era un personaje casi invisible, en contadas ocasiones era posible vislumbrar una tenue sombra, un suave susurro en los pasillos.


Si quería anunciar alguna novedad a alguno de la familia, lo hacía apareciendo a sus espaldas; si te volvías no veías nada, pero si permanecías mirando al frente, notabas su presencia detrás de ti, y oías un suave murmullo de tono triste que desgranaba, en ocasiones con un extraño matiz de frialdad cruel, muertes, nacimientos y demás circunstancias propias de la vida de cualquier ser humano.

Era un duende casero, que se ocupaba con diligencia de barrer la casa, limpiar los establos, cortar la leña y en general, de todas las tareas más arduas del hogar. Cuentan que en una ocasión se enamoró de la criada más joven de la casa, una dulce niña de poco más de 16 años, que trabajaba por el alojamiento, la comida y la educación que recibía, tal y como era costumbre en aquellos años.

Martín –nunca se supo quién le había puesto tal nombre-, se dedicó a obsequiarla, y sobre la cama de la criadita aparecían garrapiñadas, manzanas bañadas en caramelo, ramilletes de flores recién cogidas del campo, y también hacía todas sus labores. Nunca estuvo la casa más limpia y reluciente que entonces.

La niña empezó a encariñarse de Martín, y le dijo que quería verle, a lo que el duende siempre contestaba que no.

Tanto y tanto insistió que al fin el duende accedió a ello:
- Cuando en el reloj las campanas toquen las doce, baja al sótano, provéete de luz. Allí Te espero y podrás mirarme a la cara. Yo ya te advertí y tuya será la culpa de lo que pase -.


A pesar de esta última advertencia, cuando por la casa aún resonaba la última campanada que señalaba las doce, la niña ya bajaba por las escaleras que conducían al sótano con un pequeño quinqué en su pequeña mano… La noche no escuchó nada más…

A la mañana siguiente, no la encontraron en su cama. Todos la buscaron por la casa y al final, un aparcero la encontró sentada, al final de las escaleras que conducen al sótano, con el pelo completamente blanco, muda, mirando al vacío.

Según cuentan las monjas que la acogieron, hasta su muerte, que acaeció pocos años después, nunca pronunció una palabra y solamente, cuando yacía recibiendo los auxilios postreros de su confesor, y le instó a pedir perdón a Dios por todos sus pecados, dicen que muy, muy suave, muy bajito, tanto que solamente el cura oyó, un frase brotó de sus labios secos:

Martín, Martín, perdónalo Jesús….

Aunque en la hacienda nadie sabía que la pobre niña había muerto, enseguida se notó un cambio en el comportamiento del Duende: Las trampillas se abrían de improviso y una catarata de bellotas se derramaba por la cocina. De repente la chimenea dejaba de tirar, y una nube de humo inundaba el salón. Cuando el criado indagaba para ver qué sucedía, se escuchaba como una aleteo y la chimenea tornaba a rugir…

Muchas eran las malas artes que Martín ponía en juego, tantas que la familia decidió mudarse.

Cuando las carretas con todos los enseres y la diligencia con la familia emprendían el viaje, en paralelo a la comitiva vieron una escalera de mano deslizarse por la cuneta, sin tocar el suelo, como si volase…

Pararon todos y el jefe de la familia en voz alta exclamó:

- Martín, Martín por qué nos sigues

Y todo el mundo asegura que se escuchó una voz, que saliendo de ninguna parte decía:
- ¿Pero no nos mudamos?

- ¡¡Pero Martín si nos vamos por ti!!. ¡Pero ya no nos vamos! -


Se suspendió la mudanza y todo fue volver a poner cada cosa en su sitio dentro de la casa.

Cuentan que con el tiempo Martín volvió a portarse como antaño, pero eso ya sí que es otra, u otras historias, que quizá algún día, si la melancolía vuelve a darme la mano, contaré como hacía mi querida, adorada y añorada yaya, cuando por las noches nos reunía en torno a la mesa camilla y la fantasía se demoraba sobre sus hombros como una suave bufanda y daba luz a su blanco pelo, como una aureola de plata

domingo, septiembre 27, 2015

Si hubiese algún lugar

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Si hubiese algún lugar
escondido de las horas
donde detenido el tiempo
pudiera estar contigo a solas,
encerraría en él
mis viejas amapolas
y llevaría la luz de las estrellas
y el agua de la mar.

Si existiese ese lugar
te llevaría conmigo
y también llevaría
las letras de todos esos libros
que me hicieron soñar.

Llevaría tus cintas de colores,
la lluvia entre las flores
y aquel perro chiquito
que sueña con volar.

Y llevaría también un diccionario
que sólo tuviera una palabra y verbo:

Amor, amar.



Luis de Pablos

http://www.luisdepablos.com/si_hubiese_algun_lugar.htm


http://www.mundopoesia.com/foros/temas/si-hubiese-algun-lugar.38520/